Descubriendo Moratalla, Rincón de los Huertos, el bosque animado | All You Need In Murcia

Deporte, Aventura

Descubriendo Moratalla. El bosque animado

Moratalla

Descubriendo Moratalla. El bosque animado Casicas del Portal- Rincón de los Huertos- "el Bosque Animado"

Un nuevo fin de semana por delante para disfrutar de los paisajes moratalleros, tal vez en la época del año que más bellos lucen. El verdor provocado por las lluvias otoñales, en contraste con los dorados, ocres y rojos de las especies caducifolias, adornan como nunca nuestros campos. Tal es así, que en esta ocasión, superamos el número de participantes máximos que nos ponemos como tope, en aras de la conservación de los espacios que visitamos, con la intención de poder hacerlo durante toda nuestra vida sin remordimientos de una mala práctica ambiental. Como todos nuestros “andarines” participan de la responsabilidad y respeto que le debemos a nuestros lugares más valiosos, no tuvimos ningún problema para dividir nuestra apasionante escapada en dos días diferentes. Con ello, conseguimos vivir el lugar y sus encantos de manera intensa y personal, y no ejercer una excesiva presión sobre el medio. Como naturalistas y amantes de nuestro patrimonio, nos horroriza el hecho de cruzarnos por parajes naturales, con grupos de más de 60/80 senderistas que no piensan en la “huella ecológica” dejada por los lugares que pasan…
Así, que tanto Jesús como yo, tuvimos la suerte de vivir por partida doble una experiencia que nos apasiona, mostrar a otros una nueva sala de nuestro singular museo. También constatamos, que trabajar en el medio natural, consigue que dos días diferentes en un mismo lugar, tengan matices tan distintos, que en realidad lo vives con sensaciones nuevas cada vez. El recorrido fue el mismo para ambos grupos, pero las condiciones climatológicas pasaron a ser protagonistas de nuestras percepciones. Un sol radiante el primer día, nos recibió en las Casicas del Portal al pie del Cordel de Hellín, que reverberaba en los dorados chopos cercanos a las ruinas del cortijo de Vista Alegre, inmejorable nombre para el lugar. El calor, fue tan intenso para la época del año, que fuimos casi todo el ascenso al Puntal de Cárdenas despojándonos de capas de ropa. El segundo día, nos tenía preparado un capítulo del famoso libro de Stephen King “La Niebla”, sólo que nuestro género no es el terror, sino más bien la aventura. Un espeso mar de nubes, nos engulló en cuanto salimos de Moratalla en dirección Benizar, y descendimos a la cuenca del Alhárabe. Discurrimos por el efecto lechoso apenas sin ver, hasta que la carretera comienza a elevarse cerca de Benizar, donde como traídos por el meteoro, tuvimos la visión de una vacada conducida por tres pastores a caballo, rememorando el uso del cordel. Cuando la carretera nos dejó en el cortijo de Vista Alegre, nos habíamos situado por encima del mar de nubes, que nos vino de perilla para nuestro primer ejercicio de abstracción de la jornada…nos materializó el Mediterráneo miocénico que afectó a la formación de los estratos y suelos por los que hoy pasearemos, una densa capa blanca, que nos ayudó a imaginar aquel mar salpicado de islas que fue entonces la Región de Murcia. La arena de playa que pisamos nada más comenzar la marcha, nos dio el empujón al mundo visto desde el Estrecho Norbético, y prendió la mecha de la magia del lugar. Cerca del final de la subida, entre los aromas que desprenden las Santolinas a nuestro paso, una reparadora parada bajo una de las encinas del Carrascal de Bajil nos regaló un pequeño banquete de bellotas dulces, en su justo punto de maduración. También aquí, pudimos observar de cerca los depósitos continentales del paleodelta, y descubrir los primeros fósiles correspondientes a los suelos formados durante la última transgresión del Mediterráneo, previo al cierre del Estrecho Norbético, salto virtual del 2015 a 11 y 6 millones de años respectivamente…ni el Circo del Sol puede superar nuestra habilidad. Ya en el carrascal, y gracias a la colaboración de nuestro amigo Pascual de Carreño, más conocido en Facebook como “Campo de San Juan” donde publica unas magníficas fotos de la zona, y unos sensacionales vídeos en “time-lapse”, nos esperan Mª Carmen Marín y José Lax de 7 Región de Murcia, que se han desplazado hasta aquí para tomar unos planos de la ruta de hoy. Atendido el momento periodístico, nos sumergimos en este sorprendente bosque de encinas, buscando la cumbre del Puntal de Cárdenas, en donde ambos días vivimos momentos muy diferentes, y ambos espectaculares. El primero, el sol, una atmósfera limpia y la quietud del viento…lo cual nos permitió almorzar en uno de los mejores balcones del Noroeste murciano…y el segundo, el mar de nubes. Un inmenso mar de nubes, que ninguno de nosotros, salvo los compañeros que en algún momento han subido a la cumbre del Teide, recordamos haber visto en la dimensión que hoy lo hacemos. Más de 180 grados va envolviendo y cubriendo todo por debajo de nuestra atalaya, y avanza lenta e incesantemente ascendiendo por los diferentes valles, una maravilla casi irreal. Pero éste segundo día, el viento, aunque no muy fuerte, si bastante desapacible, nos obliga a buscar el refugio de la ladera y almorzamos sentados en uno de los tres muros que cruzan diagonalmente este espacio, de incierta función y edad. No podemos perder de vista el blanco espesor que engulle el paisaje mientras reponemos fuerzas… y como somos un grupo sin duda de gente sorprendente, algunos de los almuerzos también lo son, como el chocolate con crocante de sal que nos regala Mari y Juan de la Confitería Juan Mazón, o la mermelada casera de grosellas nacidas y recolectadas en Bajil que ha confitado Pedro, una auténtica gloria degustada además en un lugar de cuento. Pero ambos días, no tardamos en partir para sumergirnos de nuevo en la magia del bosque de encinas, que nos traslada a un norte húmedo y verde. Los generosos suelos rojos, allí donde el carst se lo ha permitido, son hozados por los jabalíes en busca de sustento, haciendo las veces de labradores y ayudando así a que los suelos respiren. Caminamos entre macoyas cubiertas de líquenes de diferentes tipos y formas, que filtran la luz de manera espectral, volviéndonos a la ensoñación de pasear por un cuento; El cazador de Blancanieves, o quizás Bambi o el mismísimo “Fendetestas” aparecerán en cualquier momento, cruzándose ante nuestros ojos como si fueran reales. El microclima que genera el carrascal, eleva la humedad ambiental, y los suelos están poblados de múltiples setas completando así el paisaje otoñal. Seguimos caminando entre los metálicos trinos de los Petirrojos, como los protagonistas de Hansel y Gretel adentrándonos más y más en la espesura, y sin darnos cuenta, “nos perdemos” en el punto más frondoso y angosto del carrascal…la luz se filtra con dificultad entre el techo vegetal, y nos contorsionamos sorteando las ramas de las encinas que intentan asir nuestra ropa. El nivel de humedad ambiental es tal, que las cortezas de las carrascas sucumben bajo los líquenes, y las piedras se cubren de musgo conforme descendemos y nos adentramos en la garganta de roca…el pequeño barranco por el que descendemos, se convierte en un jardín de otoño en forma de orbe, que nos rodea por doquier, al igual que un grupo mixto de Mitos, Agateadores, Carboneros y Petirrojos, que se acercan a nosotros al reclamarlos “siseando”…truquillos de ornitólogo. No podemos parar de hacer fotos…a esta altura, las piedras y las paredes del pequeño cañón se cubren de musgos de intenso verde, que sustentan auténticos jardines, algunos verticales, de Geranios silvestres, Ombligos de Venus, Cicutas, Doradillas y el espectacular Rusco con sus frutos rojo intenso que nos trae a la cabeza la navidad, sintiéndonos inmersos en un bosque muy alejado de nuestra Región, allí donde nos llevan nuestros sentidos…y no es la cabaña de la bruja lo que encontramos en este lugar, sino una serie de singulares construcciones de piedra, idénticas a otras que conocemos en el resto de barrancos que acceden al carrascal, y que nos hacen plantearnos la teoría de la posibilidad de encontrarnos ante restos de una posible habitabilidad del mismo en tiempos remotos. Completan el conjunto, lo que parecen dos sellos de enterramientos en dólmenes naturales asociados uno a un espectacular derrumbe ocurrido hace milenios, y otro a un nacimiento de agua. Jugamos a teorizar con esta posibilidad, sintiendo que despertamos ancestrales ecos en el recuerdo de las piedras que nos rodean, y que son poseedoras de la verdad de la historia del barranco… La luz del sol, nos devuelve a nuestro mundo, una vez que abandonamos los juegos de luces de la espesura, y llegamos ahora si, a algo que reconocemos a la perfección, pues es actual; los restos de una casa-cueva, que aunque usada en sus últimos días como corral, y en el más absoluto abandono y olvido, aún nos enseña lo sólida y acogedora que puede llegar a ser en el caso de necesitarla como refugio…nunca se sabe. Pero como si la prehistoria volviese a reclamarnos, Isabel y Juan Mazón encuentran un calderón, otro más y ya llevamos unos cuantos descubiertos en el desarrollo de las rutas, que a todos los demás no había pasado inadvertidos. Para celebrarlo, otro pequeño banquete, en este caso de nueces, que nos saben como si fueran las primeras que comemos. De nuevo las piedras nos llaman, y volvemos a nuestro deambular por el tiempo, ni más ni menos que a los 55 millones de años aproximados en que se formaron las que vemos alrededor del Rincón de los Huertos, y en una cabriola imaginaria, a los 40 millones de años en que aquellas calizas fueron fosilizadas generando así el paleokarst que observamos desde nuestro camino. La erosión posterior, ha generado unas formas extrañas que llaman poderosamente la atención de todo visitante. Continuamos nuestra marcha, ahora en busca de los maltratados restos de una Villa Rustica Romana, rememorando su realidad y la de sus habitantes, con los restos de algunos de sus materiales de construcción en nuestras manos, un contacto con nuestros antepasados a través de milenios, y un recuerdo a una cultura que nos marcó tal vez como ninguna otra. El sábado rematamos la ruta con la visión de dos Buitres leonados que nos sobrevolaron y aunque lejanos, pudimos fotografiarlos, para encontrarnos al visionar la fotos, que uno de ellos llevaba una marca alar, ¿sería uno de los dos marcados, que hace 5 años veíamos habitualmente en el Cenajo del Agua “Cernía”?
Pero la mañana ha pasado velozmente, y es tiempo de salir de nuestro museo real, que no virtual, para volver a nuestros días, tentados además por la exquisita comida que nos espera en el local social de Zaén. Unos generosos entrantes, Carpaccio, Calamares a la plancha, rabo de cerdo…y un delicioso y contundente caldo de albóndigas, sencillamente exquisito, hacen las delicias de todos. Además, Isabel de Aceites Comendador, una vez más ha tenido el detalle de compartir con nosotros el primer aceite del año, turbio, natural…”antes de ayer, las olivas estaban aún en el árbol” nos comentaba…una gozada con la que regamos las ensaladas y el pan del campo. El vino de la Tercia de Ulea, como siempre nos acompaña para completar la degustación de productos locales, que termina con unos riquísimos postres caseros y los buñuelos, ya sagrados. Difícil mejorar ésta jornada de domingo, en la que además, estrenamos el patrocinio de unos buenos amigos, Confitería Juan Mazón, que nos han regalado a todos unas preciosas camisetas, además de su amistad y compañía. Las risas y el jolgorio prolongan nuestra aventura de hoy, paisajes cargados de historias, gente encantada de conocerla y de llevarla para siempre en su memoria…algunos nos resistimos a cortar el hilo que nos une al paisaje, y damos un pequeño paseo por la encantadora aldea de Zaén, más bella que nunca engalanada de dorados otoñales…
 

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